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01 - sep - 10 | 12:00

Nuestro Grupo, presentó al Gobierno de Chaco, un Programa de Seguridad Vial

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Son ciudades emblemáticas relacionadas con la cultura de su pueblo y en su gran mayoría con siglos de existencia, que las convierten en testigos privilegiadas de la historia del hombre y las elegidas por el turismo internacional. Sin embargo, Katmandú, Tokio, Estambul, Teherán, Ciudad de México, Quito, Nueva Delhi, El Cairo o en las dos metrópolis cerca de la falla de San Andrés, en el sur y centro de California: Los Ángeles y San Francisco, se encuentran severamente amenazadas por el golpe de una catástrofe de proporciones bíblicas.

En poco más de tres meses, la Tierra despertó su furia y sacudió de manera devastadora Haití, Chile y China, matando a cientos de miles de personas. La peor parte la llevó la isla caribeña en la que murieron por lo menos 200.000 personas y donde la Cruz Roja Internacional calcula que la cifra de víctimas mortales llegaría a 230.000 haitianos fallecidos. En China, el terremoto golpeó una zona montañosa cercana al Tíbet. Sin embargo, murieron 2000 personas y las autoridades del gigante asiático esperaban que la cifra se eleve a 500 muertos más.

En tanto, el potente sismo de 8,8 grados en la escala de Richter seguido de un poderoso tsunami que arrasó el sur chileno acabó con la vida de 800 personas.

Sobre la base de estos síntomas geológicos y de estudios especializados durante los últimos 30 años, los científicos y expertos internacionales advierten que hay probabilidades de que este cuadro de catástrofes se repita en algún lugar del mundo, seguramente antes de los próximos 30 años, con centenares de miles de víctimas como fue el caso de Puerto Príncipe, la capital de Haití que no estaba preparada para eludir las consecuencias del terremoto de 9 grados en la Escala de Richter.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) posee detallados estudios que pronostican la posibilidad de que 25 megaciudades sean blanco de potentes terremotos o inundaciones de proporciones bíblicas.

Según un informe del USGS publicado a mediados de 2009 y que retoma documentos referenciales anteriores, esas urbes "sufrirán temblores cada 250 años. Por eso no se descarta que podría haber poderosos movimientos telúricos cada diez años". Sin embargo y pese al avance arrollador de la ciencia y de las nuevas tecnologías, por el momento es imposible predecir con exactitud lugar y fecha de la eventual catástrofe.

Además de las ciudades mencionadas, la alarma se extiende a Katmandú, Nueva Delhi, Quito, Manila e Islamabad y Rawalpindi (Paquistán). Densamente pobladas, estas urbes, si llegaran a ser afectadas por un terremoto, sufrirían la muerte de decenas de miles de sus ciudadanos debido a la debilidad de sus construcciones e infraestructura; al efecto colateral de deslizamientos de tierras e incendios, y a la incertidumbre sobre su capacidad de reacción para desplegar con rapidez servicios de rescate, médicos y brigadas de bomberos.

Un detallado análisis del GeoHazards Internacional (GHI), institución científica dedicada al análisis de las placas tectónicas y los movimientos de la Tierra, llegó a la conclusión de que un temblor de 6 grados de magnitud en la escala de Richter en la capital paquistaní podría matar a cerca de 12.000 personas.

En una iniciativa que recibió el respaldo de la National Science Foundation (NSF), una decena de ingenieros y geólogos norteamericanos, japoneses y turcos revisó durante los últimos cinco años datos sísmicos e información histórica de Estambul. Los expertos concluyeron que un terremoto de magnitud 6,8 a 7,5 puede golpear a la capital de Turquía dentro de los próximos 30 años.

"Sobre la base de la reciente actividad sísmica y el historial de la falla del norte de Anatolia, al sur de Estambul, existe definitivamente una probabilidad muy alta de que la ciudad sea alcanzada por un gran terremoto durante las siguientes tres décadas", alerta el informe del panel de expertos.

Entre las recomendaciones presentadas al Parlamento turco, el grupo consideró prioritario mejorar edificios, puentes y otros elementos de la infraestructura de la ciudad. El gobierno turco ha tomado pasos preliminares para recabar fondos destinados al proyecto.

En los últimos 40 años, la población de Estambul creció de 2.000.000 a 12.000.000 de habitantes. Entre las fallas de planeamiento que detectaron los ingenieros consultados por la NSF se encuentran edificios de varios pisos mal distribuidos y cuyas plantas no coinciden de un edificio a otro estando éstos de forma contigua, un error que eleva exponencialmente la posibilidad de colapso durante un terremoto.

Otra de las ciudades que constituyen un paradigma de un megadesastre es Los Ángeles, en la costa oeste norteamericana. La urbe se encuentra emplazada sobre la amenazante falla de San Andrés, que recorre 1200 kilómetros en paralelo a la costa californiana y acecha también a San Francisco.

Como Estambul, los científicos y geólogos prevén que en las próximas tres décadas un devastador terremoto que superaría los 9 grados en la escala de Richter podría golpear Los Ángeles. Los expertos llaman a ese fenómeno "The Big One" y consideran impredecibles los daños edilicios y las víctimas mortales que causaría semejante impacto. Incluso han pronosticado que el movimiento de las placas del Pacífico y Norteamericana generaría un enorme tsunami que afectaría las costas de Japón y Asia e incluso llegaría a desatar el desprendimiento de California sumergiéndola en el océano. En abril de 2010 ocurrió el último movimiento tectónico de magnitud cerca de Mexicali, México, en una zona despoblada. Sin embargo, el sismo causó cuatro muertos y se sintió en Phoenix, Los Ángeles, Las Vegas y San Diego.

Pero no hay lugar a dudas de que hacia el sur de la falla la amenaza también se cierne sobre varias ciudades de América latina cercanas a la costa del Pacífico y que descansan sobre un terreno en el que coinciden la inestabilidad sísmica y volcánica.

En ese devastador descenso se encuentran Santiago, La Paz, Lima, Quito, Bogotá, Caracas, Managua y Panamá, que se ubica a sólo diez kilómetros de una falla que no se ha roto en cuatro siglos, advierten los especialistas USGS.